II Guerra Mundial: curiosidades del nazismo

La Segunda Guerra Mundial es uno de los fenómenos bélicos más estudiados de toda la historia, a pesar de que aún no hace ni un siglo que la sufrió la mayor parte del planeta. Esta contienda tiene muchos puntos que la hacen única y casi irrepetible, y con unas características que pocas veces se han visto en toda la historia del ser humano, o al menos en la que conocemos y hemos podido analizar. Su estallido en tan poco tiempo después de haber sufrido una anterior guerra mundial, el gran número de países que se vieron implicados, y toda la tecnología que se puso al servicio de ella, antes nunca vista, aún siguen siendo objeto de sorpresa y estudio.

Pero si hay una de sus características que aún nos horroriza y que estamos de acuerdo en que la produjo, esa es la corriente política conocida como el Nazismo (abreviatura del Nacionalsocialismo alemán). Las bases de este movimiento, que comenzó como una defensa de la clase obrera, pronto se salió totalmente de control, y mutó a un fanatismo racial e ideológico pocas veces visto en la historia, y lo que es más importante, seguido por tanta gente y que generara tanta desgracia y horror en gran parte de la población mundial.

Por supuesto, el mayor blanco de sus prejuicios raciales se concentraba en el pueblo judío, pero no sólo se trataba de eso: en general, iban contra todo aquel que no se ajustara a rajatabla a sus principio y a sus intereses. Así, negros, gitanos, comunistas, discapacitados y homosexuales eran para ellos gente de segunda, y con todas las papeletas para que cayera sobre ellos todos los castigos imaginables de los que los nazis hacían gala.

A pesar de que la cúpula nazi era todo un compendio de gente acostumbrada a vivir bien y con toda clase de vicios, en los que las drogas, el alcohol y la prostitución eran el pan de cada día, resulta que se las daban de gente elegida y representativa de toda una élite racial. Y, por supuesto, se ha sabido por después que la homosexualidad era también una característica que campaba entre esta élite de forma importante, aunque por supuesto todos hacían lo posible por ocultarlo; sin embargo, curiosamente, no pasaba lo mismo con las mujeres, entre las que la homosexualidad era más o menos aceptada, aunque no permitida.

En realidad, las lesbianas en la Segunda Guerra Mundial eran un colectivo curioso, ya que realmente se ha visto que no producían la repulsión ni recibían la censura de sus homólogos masculinos. Es curioso que se aceptara, aunque fuera bajo la manga, el sexo entre mujeres en un régimen tan restrictivo como el nazismo, pero se sabe que, aunque muchas de ellas fueron denunciadas como tortilleras (la gran mayoría por sus maridos y familiares), esas denuncias nunca las llevó a la cárcel ni a ninguna otra condena, más allá de las habladurías y cierto ostracismo social. Uno se pregunta: ¿de verdad los nazis podían aceptar el lesbianismo? Pero resulta que nada más lejos de la realidad: como para los varones nazis las mujeres no contaban para la sociedad ni la política más allá de su papel de madres de la sagrada raza aria, poco les importaba su tendencia sexual, siempre y cuando cumplieran con su papel reproductor.

Sin embargo, cuando uno piensa en aquellas mujeres afines al nazismo que tenían en la guerra un papel activo (hablo de enfermeras, cuidadoras, profesoras de las nuevas élites y las temidas «guardianas»), y te las imaginas como lesbianas, la verdad es que sí que dan mucho juego para peliculas porno, ¿o no? Beldades altas, rubias y de ojos azules (aunque en realidad las teutonas tengan fama de cuerpos tipo armario empotrado y tiesas como palos de escoba), que hacen uso de su puesto para someter a otras mujeres… Bueno, puede que me haya ido un poco hacia el porno sado y bondage, pero no me neguéis que un poco de morbo tiene la cosa; y seguro que algo así habréis visto alguna vez en alguna web de videos xxx…

Batallas que han pasado a los anales de la historia

Dando forma al futuro del mundo, las batallas más importantes han extendido la cultura, la civilización y las religiones casi desde el principio de los tiempos, acompañando el devenir de la humanidad. Han sido testigos de innumerables héroes caídos, gloriosas victorias y sangrientas derrotas. Las batallas han visto historias increíbles de honor y coraje, así como horror y traición. 

En cada guerra hay una batalla que cambió los acontecimientos casi de forma completa, y que hizo que las circunstancias se decantaran hacia un lado u otro del conflicto. Algunas de ellas se encuentran entre las siguientes:

  • Maratón: La Batalla de Maratón tuvo lugar en 490 a. C., durante la primera invasión persa de Grecia. En la batalla, aproximadamente 20,000 infantería y caballería de los persas querían aplastar a los atenienses, que habían movilizado a unos 10,000 guerreros. Sin embargo, los valientes griegos vencieron a sus enemigos numéricamente superiores y se defendieron.
  • Termópilas: Solo diez años después de que perdieron la Batalla de Maratón, los persas hicieron otro intento de conquistar Atenas. Esta vez, sin embargo, su superioridad numérica fue aún mayor: llegaron con al menos 70,000 hombres. Los griegos, liderados por su heroico rey Leonidas, lucharon y lograron vencer a los persas nuevamente. Con solo unos 7,000 guerreros, los griegos fueron a esta batalla como uno de los más desvalidos de la historia, y su ejército patriótico logró defender su territorio.
  • Teutoburgo: El 9 de septiembre del año 9 de nuestra era, una coalición de tribus germánicas, dirigida por un noble llamado Arminio, derrotó a tres legiones romanas y obligó a su comandante Publio Quintilio Varus a suicidarse. El resultado de la batalla fue que Germania permaneció independiente y nunca fue incluida en el Imperio Romano.
  • Hastings: La Batalla de Hastings se libró entre Guillermo de Normandía y su ejército de Francia (llamados los normandos), y el rey Harold II y su ejército inglés (anglosajón), en el año 1066. Los normandos estaban mejor entrenados y tenían más arqueros que sus rivales anglosajones, lo que les permitió ganar esta batalla fundamental.
  • Muret: La Batalla de Muret tuvo lugar en septiembre de 1213, cuando el ejército cruzado de Simón IV de Montfort derrotó a las fuerzas católicas y catalanas de Pedro II de Aragón y las de su cuñado, el conde Raimundo. La batalla comenzó como un asedio al Castillo de Muret cerca de la ciudad de Toulouse, Francia, pero terminó como una batalla abierta.
  • Asedio de Orleans: El asedio de Orleans generalmente se considera el punto de inflexión de la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. En octubre de 1428, unos 5.000 sitiadores ingleses cortaron los suministros de Orleans para obligar a los defensores a rendirse. Pasaron semanas y meses y los franceses estaban a punto de rendirse cuando Juana de Arco persuadió al rey Carlos VII para que enviara un ejército para aliviar la ciudad. La acción de desviación contra uno de los fuertes ingleses permitió a Juana ingresar a la ciudad con suministros el 30 de abril de 1429, y los ingleses decidieron abandonar el asedio pocos días después.
  • Waterloo: En junio de 1815, Napoleón invadió Bélgica, con la esperanza de capturar Bruselas, pero sus tropas fueron confrontadas por el ejército inglés, dirigido por el duque de Wellington, y el ejército prusiano, dirigido por el general Blucher. Aunque las fuerzas aliadas superaron en gran medida a los soldados de Napoleón, la batalla real fue muy dura con miles de bajas en ambos lados. Finalmente, Napoleón fue derrotado y exiliado a la isla de Santa Elena y se estableció la paz en toda Europa.